Domingo, 27 de Mayo de 2012 16:13

Los 10.000 del Soplao o el Invierno en Mayo

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Fotos oficiales con el maillot conmemorativo Fotos oficiales con el maillot conmemorativo

Después de unos meses de impaciente espera tras inscribirnos en “Los 10.000 del Soplao” había llegado el momento. 6 Espantaliebres emprendimos juntos el viaje a Cabezón ese viernes 18 de Mayo de 2012. La cuadrilla estaba compuesta por Eugenio, Javi, Fernando, Miguel, Pablo y un servidor. Fidel y Jorge completaban la representación “espantaja” en esta prueba.

Llegamos a Cabezón en torno a las siete y media de la tarde. El pueblo estaba ya repleto de participantes que se disponían a recoger su dorsal y a empaparse del ambiente del “Soplao”. Fuimos a por nuestros packs con el dorsal, el maillot y algún que otro obsequio y folleto publicitario. El ambiente del pueblo el día previo a la prueba ya da una idea de lo que nos encontraremos en la salida, y lo que en unas horas vivirán los participantes de la ultra-maratón.

Nos montamos en la furgoneta para dirigirnos a Mazcuerras, pueblo que se encuentra a 5 km y donde tenemos nuestro alojamiento, “La Posadita”. Allí nos recibieron sus dueños y la lluvia, inseparable compañera durante todo el fin de semana.

Descargamos todos los bártulos y escogimos habitaciones. Mientras nuestro mecánico oficial, Eugenio, ponia apunto las bicis, Javi y Fer preparaban la cena. El resto colocábamos la mesa o pensábamos que equipo llevaríamos al día siguiente. La lluvia y el frío siempre en mente ya que las previsiones no eran muy halagüeñas, en el mejor de los casos pronosticaban lluvias débiles pero continuas hasta mediodía y fuertes chubascos prácticamente hasta el lunes.

Cenamos pasta y pollo a la plancha, entretanto nos gastamos una bromillas. Recogimos un poco todo y pronto nos fuimos a dormir.

A las 6:00 AM empiezan a sonar los despertadores. Desayunamos, subimos las bicis a la furgo y rumbo a Cabezón, donde aparcamos bastante rápido.

Después de alguna vuelta por las calles de Cabezón Javi, Pablo, Fer y yo conseguimos llegar a la cola de la salida. Eugenio y Miguel estaban un poco más adelante, se habían adelantado a comprar un bote. Los minutos previos me resultaron bastante tranquilos, pensar que por delante me quedaban 165 calmaba mis nervios. En esa distancia da tiempo a ponerse tenso y calmarse unas cuantas veces. Hablamos con un amable lugareño que también participaba y nos decía que con la pinta que tenía el día se iba a retirar en cuanto empezase a ponerse feo. Yo asentía con la cabeza pero para mís adentros pensaba que terminaba “El Soplao” sí o sí... que equivocado estaba.

Se dió la salida, el ambiente espectacular. La gente, la megafonía, las vallas, todo eso hace que por un momento te sientas ciclista de verdad. Pronto nos encontramos con Eugenio y Miguel. Durante los primeros kilómetros rodamos a un ritmo tránquilo pero que a su vez nos permitía ganar alguna que otra posición.

Tras subir Monte Corona y San Antonio y sus respectivas bajadas, también con algún que otro tapón, llegamos a la subida del Soplao por La Cocina. A esas alturas hacía un rato que nos habíamos puesto ya el chubasquero y la lluvia nos salpicaba de vez en cuando. Por Las Lastras tuvimos que subir prácticamente todo el recorrido andando, el barro y la multitud así lo obligaban. En cuanto se despejó el panorama me subí a la bici y creí que Miguel y Fer también lo hacían, pero miro atrás y no los veo. Decido seguir ya que Pablo, Eugenio y Javi subían andando un poco más adelante. Los cogería y esperaría con ellos a Fer y Miguel. Avanzó metros y más metros pero no los localizo. Pues nada, a seguir dándole. Termino la zona del barro y enfoco la bajada posterior. Al llegar abajo, había un buen hombre con una cuba de agua que estaba limpiando bicis. Decidí esperarlos ahí. Pasaban grupos y más grupos de bicis pero de ellos ni rastro. Pensé que habrían pasado ya y que ni yo los había visto ni ellos a mí.

En marcha otra vez, en mi cabeza estaba pillarlos cuanto antes. Empecé el ascenso a Las Cuevas saltando de un grupo a otro, a buen ritmo. Iba subiendo y charlando con otros participantes que iba encontrando. Casi sin darme cuenta llegué a la cima y al avituallamiento. Llovía a más no poder. Bebí y comí algo. Ahí ya empecé a pensar que iba yo delante y no al revés. Esperé unos minutos no llegaban. Intenté llamarlos por teléfono, pero no era capaz de desbloquear mi “maravilloso” smartphone por culpa de las gotas de lluvia sobre la pantalla táctil. Me estaba enfriando y me aventuré a bajar.

Descenso rápido y entretenido, tuve que adelantar a bastante gente. Me parecía sorprendente la cantidad de participantes que bajaban desmontados. Así llegué al pueblo de Celis, que estaba volcado. Uno de sus habitantes me limpió el barro de toda la bicicleta con una manguera y una señora me dió unas servilletas para limpiar las gafas. Por cierto, no había parado de llover.

Luego un tramo de carretera donde rodé bastante rápido saltando de nuevo de grupo en grupo. Alguien se había dejado el grifo abierto, ¡¡Cómo llovía!! Así hasta cruzar el río, ahí ya tenía los pies empapados, aún así lo crucé saltando de roca en roca. Un poco más adelante tuve que parar porque no veía nada, me había entrado agua y con el sudor me escocía bastante.

Subí el Monte Aa mejor de lo que yo esperaba. Tenía bastante respeto a esas rampas pero “piano, piano si va lontano”. Me sonó el movil, tenía varias llamadas de mis compañeros, pero cuando fui capaz de abrir la bolsa del sillín, sacarlo y desbloquerlo ya habían colgado. Los intenté llamar pero supongo que ellos tenían las mismas dificultades que yo. Cuando ya estaba bajando parecía que la lluvia daba un poco de tregua.

En Ruente paré unos minutos a ver si los veía pasar, pero no llegaban. Mientras iba rumbo a la Ucieda me cruzada con bastantes participantes que abandonaban, demasiados creía yo. A pesar de la lluvia a mí de momento no se me pasaba por la cabeza dar la vuelta.

En Ucieda me comí un par de medios-bocatas de jamón y un plátano. Intenté contactar de nuevo con el resto de la tropa. Estaba dando vueltas por allí a ver si los veía y meditando si encaraba yo solo El Moral cuando veo a Miguel con el teléfono en la mano. Pego un grito y ya me ve. Acababa de llegar hacía 5 minutos. Enseguida llega el resto. Eugenio y Fer toman la decisión de no seguir. Javi no lo tiene claro, está dispuesto a subir El Moral pero piensa en el frío que puede hacer en Fuentes. Sobretodo combinado con la lluvia que lo haría insufrible. Miguel y yo decimos que subimos El Moral y luego veremos si seguimos o no... Ilusos!!!

Menos Eugenio y Fer que toman una sabía decisión, los otros cuatro empezamos a subir. Estoy un poco agarrotado. Tanto tiempo parado me pasa factura. Me cuesta pero voy subiendo. Voy haciendo la goma con Javi y Miguel que van delante y me van esperando. Voy sobre la bici y noto una sensación muy rara, sé que estoy subiendo, que llevo el chubasquero, la térmica... que es lógico que tenga calor, pero tanto. Por un momento hasta creí que tenía fiebre. Fueron unos minutos extraños mientras duró esa sensación. A mitad de la ascensión baja uno moto gritándonos que vayamos por la derecha que los primeros están bajando. Como motos van. Se empieza a sentir el frío de verdad. Un poco más arriba empezamos a escuchar a otros participantes decir que la prueba estaba suspendida, que estaba habiendo muchísimas hipotermias. Oigo el teléfono y me paro a cogerlo porque supuse que sería Pablo que se había quedado atrás, pero ni siquiera soy capaz de abrir la bolsa del sillín. Tenía las manos heladas. Cuando llegué arriba, Miguel y Javi ya me dijeron que aquello se había acabado, no se podía subir Fuentes. O bajábamos a Barcena y volvíamos por carretera durante 20 km o por donde habíamos subido. Claramente mejor por donde habíamos subido. Con la que estaba cayendo ir por carretera era más peligroso. En ese momento sentí decepción y alivio a la vez. Aunque físicamente me encontraba con fuerzas, el frío me tenía anulado. Era una sensación muy rara, no podía hacer usos de esa energía que sabia que tenía. Y yo no sabía que todavía me quedaba lo peor.

Arrancamos y comenzó la bajada. Hacía dos minutos que me había cambiado de guantes y estaban ya empapados. Bajé como pude, sin sensibilidad en los dedos. No sabía cuando frenaba o no, no tenía fuerza en los pulgares para cambiar. Bajaba titiritando y movía los dedos los sobre el manillar incesantemente. Al llegar abajo estaba Miguel esperando. Me ofreció sus guantes de invierno, estaban mojados pero calientes de tenerlos puestos. Tan solo pude ponerme uno. Pero estar intentándolo durante unos minutos creo que me reactivó toda la circulación y me recompuso un poco.

Estábamos al lado de un puesto de Protección Civil al que llegaban ciclistas con síntomas de hipotermia para ser atendidos. Nosotros seguimos rumbo a Cabezón con Pablo y Javi que estaban aguardándonos cerca. Llegamos a Cabezón, ambiente de lujo. Incluso nos dimos el gusto (amargo) de cruzar la meta. La crucé sabiendo que no había logrado mi objetivo, pero esta vida siempre te da la revancha y probablemente tenga la oportunidad de volver a intentarlo. Y para ello contaré con todo lo que aprendí ese día.

Ya en “La Posadita” nos duchamos, algunos tuvimos suerte y fue con agua caliente, y repusimos fuerzas. El domingo la vuelta a casa.

Remarcar la labor de la organización, que a mí juicio tomo la decisión correcta guste o no a todo el mundo. Es preciso entender la complejidad de una prueba de esta envergadura. Es posible que no hayan acertado en todo o hayan tenido falta de previsión en algún aspecto. Pero seguramete que los muchos que critican sus decisiones hubiesen tomado las mismas o similares.

También mención para el resto de participantes, tanto en BTT como en otras modalidades. Para mí los de la combinada y de la “ultra” son unas máquinas.

Por supuesto agradecer su apoyo a la gente de todas las localidades por las que transcurre el recorrido. Se vuelcan y hacen que los “10.000 del Soplao” sean los que son.

No me olvido de nuestro de alojamiento. Todo perfecto, repetiremos en “La Posadita” de Mazcuerras.

El año que viene más y mejor!!!

Ultima modificacion el Lunes, 28 de Mayo de 2012 09:45

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